Sobre la educación
Un análisis profundo sobre el pensamiento lineal, la obsolescencia sistémica y las tres aristas del ser humano.
Escrito por Solange Duhalde. Valdivia, Chile, 2026.
Veo gente hablando de educación todos los días, repitiendo conceptos de videos y filosofando sobre el tema de contingencia, pero son incapaces de sostener un análisis sobre su propia educación o sobre la educación misma, sobre todo cuando el concepto se pone más denso y más incómodo de charlar.
Creo que el problema radica en el pensamiento lineal. Si bien es un tema que se encuentra en charla constante, un tema que ya no es novedad, yo tampoco pretendo inventar la rueda. La educación es algo que acompaña al ser humano desde que cobró consciencia de los procesos que se atraviesen en la vida; aprender es una constante en nuestra existencia, pero aprender no es igual que educar.
Aprender podría decirse que es el proceso por el cual adquirimos un conocimiento o una habilidad, y educar es el sistema, la fórmula que todos buscan, la metodología, el planteamiento estructurado de una arquitectura de conocimientos que pretende solucionar un problema en nuestras vidas. Pero lo que veo más a menudo en la actualidad es que la educación se quedó corta.
El sistema se quedó corto hace mucho tiempo por la velocidad misma en la cual se mueve el mundo hoy.
En la antigua Roma, la educación se planteaba desde el área privada, dependía de recursos familiares, se enfocaba en la formación de ciudadanos con fuertes valores cívicos, disciplina y respeto por la tradición. Se estructuraba por niveles y su modelo estaba influenciado por la cultura griega, y en la cultura griega era una formación integral de los individuos, combinando el desarrollo físico y el intelectual en aspectos variados.
¿En qué se ha diferenciado entonces la educación en la modernidad? Porque, al mencionarlo así, pareciera que no ha cambiado nada, ¿no? Pues… yo no diría que es tan así.
Verán, en la Ilustración, ese periodo donde está inspirada gran parte de nuestra sociedad moderna, la educación comenzó a concebirse como una herramienta fundamental para alcanzar la libertad, el progreso y la autonomía. Y no solo eso, sino que la educación comenzó a expandirse más allá de las élites por primera vez en la historia de forma masiva.
¿Y en qué aspectos se diferencia de lo anterior? Pues, evidentemente, en los pilares que comenzaron a sostener la educación con el paso de los siglos. Ojo con esto, no lo estamos criticando, simplemente estamos viendo muy superficialmente cómo la educación se fue construyendo en los siglos.
Al inicio, la educación se daba a grupos cerrados de la sociedad, sectores que tenían otra clase de conceptos asociados a esta misma. Como podrán ver por lo pequeño que describí, la educación romana tenía sus pilares en el ejercer de la cívica, el cultivar de la disciplina y el cuidado de la tradición. Pero en la Ilustración tenía ejes completamente distintos: sus conceptos se arraigaban en la libertad, el progreso y la autonomía. Pero avanzando más allá en el tiempo, comienzan a existir preguntas: ¿Libertad? ¿Progreso? ¿Autonomía? Las coloco en preguntas porque los conceptos son profundamente amplios, subjetivos y requieren de una serie de estudios para comprender su cauce. La libertad por la libertad en sí misma no se comprende. ¿Libertad según quién? ¿Bajo qué códigos ético-morales? ¿Cómo se visualizaría esa libertad? ¿Estamos hablando de libertad financiera? ¿Estamos hablando de libertad cultural? ¿Libertad individual? ¿En qué aristas? Y… ¿Quién delimita el fin de la libertad? Porque debe existir un límite en esa libertad de ejercer alguna acción o un “algo” dentro de la sociedad. La misma disyuntiva se fijó en mi mente frente a todos los otros conceptos de la Ilustración, y luego no hicieron nada más que venir más preguntas.
Más adelante en el tiempo, many otros autores hablaron de la educación. Napoleón la planteó como un aparato de hegemonía, algo que alineara a todos por medio de la “razón”, y la hegemonía es un concepto complejo en sí mismo.
Hegemonía: una forma de supremacía o dominio frente a otros, pero también hegemonía como concepto unificador. Y aquí quiero referirme a la estandarización, porque eso fue lo que ocurrió. La educación se planteó como un estándar para nivelar a todos dentro de lo que se consideraba estrictamente necesario para ciertos pensadores de una época u otra. Pero lo cierto es que… la vida es demasiado compleja como para ser un conducto directo, una línea, o incluso muy compleja como para ser una curva igualmente.
Aquí es donde comienza a mezclarse con otros conocimientos. Una línea, plegada muchas veces, infinitas veces, forma el tramado complejo de cualquier pensamiento. Pero en esa línea, tan extensa como el universo mismo, que puede doblarse infinitas veces en las unidades más grandes y más pequeñas a la vez, es algo… que visualmente ya es complejo de ver y mentalmente aún más complejo de tramar.
La educación entonces comenzó a quedarse corta en su comprensión por diversos factores: el primero fue la cantidad de investigación y pensamiento que se desarrolló en el mundo; el segundo, en la especialización que comenzó a requerirse para enfrentar al mundo moderno; y el tercero, en que por los procesos sociales inevitables de la historia, se fue perdiendo la esencia del ser humano.
El ser humano posee tres puntos fundamentales que lo componen en sí mismo como un todo. Las religiones en general lo hablan como la trinidad, la filosofía lo llama por otro nombre, y las many ramas humanistas que se han construido con los siglos lo fueron etiquetando y nombrando de mil formas. Pero lo cierto es que el humano posee 3 aristas: cuerpo, mente y espíritu. Y en este último no nos referimos al alma en sí, sino a aquello que nos impulsa a hacer cosas.
La educación se ha centrado en la mente constantemente, por algo obvio, porque el proceso del Renacimiento nos marcó demasiado como para que la sociedad pudiera abandonarlo. Y el problema es que la mente en sí misma no hace nada sin el cuerpo (que es el movimiento) y sin el espíritu (que es nuestra motivación). Por ende, la educación, paso a paso, ha quedado obsoleta, y paso a paso cada vez se van notando más y más sus falencias en un mundo que gira tan rápido y que está tan lleno de información, que incluso la mente misma se pierde en miles de aristas que nos hacen olvidarnos de lo que somos tras todo esto. Un individuo que interactúa con muchos individuos en una sociedad que cada vez se vuelve más compleja y más rápida.
Y que eso, no nos deja espacio a reflexionar o pensar.
Entonces, ¿cómo encauzar la educación a ese algo? Sin caer en la filosofía, sin caer en la antropología, sin caer en la física cuántica o los miles de conocimientos que se han creado en el mundo y que, inevitablemente, son océanos tan extensos y amplios que es muy fácil perderse en ellos también.
En reducirlo a algo más simple. En saber cuáles son nuestras metas y encauzar la educación a esas aristas con la consciencia activa y presente de lo que necesitamos desarrollar para nosotros mismos en cuerpo, mente y espíritu.
Y con los siguientes artículos que voy a ir escribiendo, creo que podríamos ir comprendiendo un poco más de hacia dónde va todo esto.